jueves, 14 de agosto de 2014



“CÓMO SE DA LA VINCULACIÓN ENTRE PROCESOS FORMATIVOS ENTRE SECTORES SOCIALES Y PRODUCTIVOS”





LA VINCULACIÓN DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA CON EL SECTOR PRODUCTIVO


La construcción de nuevos ambientes de aprendizaje y la ampliación de los perfiles de los profesionistas y posgraduados que forman las universidades, es una tarea que requiere replantearse e intensificarse, y en ella la vinculación en general, y en especial la vinculación con el sector productivo y de servicios cobre nueva relevancia, pues debe reconocerse que no es la universidad la que determina cuáles son los conocimientos importantes, sino que se trata más bien de conceptos sociales que son reformulados continuamente en respuesta a los cambios sociales y tecnológicos.
Una forma de motivar a los jóvenes a preocu­parse por su futuro es ampliar su conocimiento de la realidad social, cultural, política, de salud, de comunicación y desarrollo económico y empre­sarial, e incorporar en esta perspectiva el futuro que debemos ir construyendo para el México que anhelamos. La vinculación de la Universidad con el sector productivo es un amplio objetivo que debe abordarse desde el conjunto de activi­dades que forman parte de una de las funciones sustantivas de las universidades.
Las nuevas generaciones de jóvenes, pero también los adultos, requieren de una re­novada cultura laboral y tecnológica, que plantea tres grandes tipos de desafíos, estre­chamente interrelacionados, a la educación para el trabajo en los países latinoamericanos, construir una cultura básica, general para toda la población; fortalecer y transformar sus instituciones de educación profesional y técnica y ampliar y fortalecer la masa crítica de profesionales de alto nivel, investigadores y científicos capaces de entender, influir y controlar las tendencias mundiales domi­nantes en Ciencia y Tecnología y servir de puente para su transferencia necesaria en la aplicación y desarrollo nacional. Ya no es posible priorizar la respuesta a uno de esos desafíos, en detrimento de la respuesta a los otros dos.
Las oportunidades de formación para el trabajo en nuestros países conducen a una situación muy desigual en cuanto a cober­tura, pertinencia y calidad, y a pesar de los esfuerzos realizados no han podido evitar el crecimiento de un grupo especialmente vulnerable, el de los jóvenes con escasa es­colaridad y sin experiencia laboral que van quedando excluidos tanto de las oportunida­des de formación como de las oportunidades laborales (De Ibarrola, 1998).
Los ambientes de aprendizaje tradicional, limitados a los espacios físicos dentro de las instituciones de educación superior (IES), los perfiles profesionales sesgados hacia la ense­ñanza y hacia la formación de conocimientos y habilidades, resultan insuficientes en un en­torno social que ha sufrido transformaciones fundamentales y ante una sociedad que reclama mejores respuestas a sus crecientes necesidades. De ahí que la construcción de nuevos ambientes de aprendizaje y la ampliación de los perfiles de los profesionistas y posgraduados que forman las universidades, sea una tarea que requiere replantearse e intensificarse, y en ella la vincula­ción en general, y en especial la vinculación con el sector productivo y de servicios cobre nueva relevancia, pues debe reconocerse que “no es la Universidad la que determina cuáles son los conocimientos importantes, sino que se trata más bien de conceptos sociales que son reformulados continuamente en respuesta a los cambios socia­les y tecnológicos. La universidad, al integrarse más con criterios cognitivos de la sociedad, se ve obligada a mostrar nuevas definiciones sobre lo que se debe conocer y aprender” (Barnett, 2001).
            Pero no sólo en el sector educativo le con­fiere una especial importancia a la vinculación, el Programa Especial de Ciencia y Tecnología (CONACYT, 2001) considera que la investigación aplicada y tecnológica tienen un papel relevante como medios para contribuir al aumento de la productividad, competitividad y crecimiento económico y social del país; de ahí la urgente necesidad de articular un proceso adecuado de vinculación para que ésta investigación respon­da a las demandas de los sectores empresarial y social. El Programa mencionado considera fundamental:
a)    Promover diseños curriculares que desarrollen en el estudiante mentalidad in­novadora, espíritu emprendedor y habilidades técnicas que respondan a los requerimientos del sector productivo.
b)   Fomentar la comunicación entre las instituciones académicas y de investiga­ción con las organizaciones empresariales para apoyar las demandas de las pequeñas y medianas industrias.
c)    Impulsar la asistencia tecnológica, la capacitación y la formación de especialistas en los sistemas de mayor valor para el sector productivo.


           
¿QUÉ ES LA VINCULACIÓN?


            Pero, ¿qué es la vinculación?, ¿cómo se le ha conceptualizado?, ¿por qué sigue siendo una actividad sustantiva dentro de las funciones que realizan las instituciones formadoras del nivel superior?, ¿qué nuevo papel juega en el trabajo y en las funciones sustantivas de las universidades?
            La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) recomienda a las universidades fortalecer las funciones de servicio a la sociedad, especialmen­te aquellas orientadas a erradicar la pobreza, la intolerancia, la violencia, el analfabetismo, el hambre, el deterioro del medio ambiente y las enfermedades. Reforzar la cooperación con el mundo del trabajo mediante la participación en los órganos rectores de las IES, ampliar las posibilidades de aprendizaje profesional y combinación de estudios y trabajo, intercambio de personal y revisión de planes de estudio mejor adaptados a la práctica profesional y para aprender a emprender (UNESCO, 1998). Esto es, vincular el proceso formativo y de generación y distribución del conocimiento que realizan las IES con las necesidades y requerimientos presentes y futuros de las organizaciones productivas y sociales en general.
            También se ha definido a la vinculación como “el proceso integral que articula las fun­ciones sustantivas de docencia, investigación y extensión de la cultura, así como los servicios de las instituciones de educación superior, para su interacción eficaz y eficiente con el entorno socioeconómico” (Gould, 2002), esto es generar enlaces efectivos y de beneficio mutuo entre la Universidad y las empresas, como una parte importante de la vinculación, pero no limitarse a estos vínculos, sino que ampliarlos hacia todos los sectores sociales y a todos los ámbitos de la realidad.


EL SIGNIFICADO DE LA VINCULACIÓN UNI­VERSITARIA CON EL SECTOR PRODUCTIVO


Vincular significa unir, atar, articular, enlazar esfuerzos, trabajos y objetivos, así la vinculación universidad-sector productivo implica reconocer la necesidad de ambas partes de complemen­tarse, de apoyarse mutuamente para lograr sus objetivos.
La misión de la universidad pública es ser una institución formadora de profesionistas que como ciudadanos y personas comprometidas con su país, su estado y su localidad, pongan sus conocimientos y sus capacidades al servicio de la sociedad y para resolver sus problemas. La finalidad del sector productivo es generar los bienes y servicios que satisfagan las necesidades de la población local, nacional y mundial, con el empleo justo y respetuoso de las personas y de la naturaleza. Así, tanto las universidades como las organizaciones que forman el sector productivo, tenemos el compromiso de atender necesidades sociales, por lo que sumar esfuerzos y lograr apoyarnos para conseguir nuestros objetivos es también una necesidad.
A su vez, “los Encuentros Regionales (de la ANUIES) permitieron identificar las coincidencias y los retos para que los representantes de las IES y del sector productivo:
*      Reconocieran que la vinculación permite la convergencia de esfuerzos y voluntades en la búsqueda de soluciones a la compleja proble­mática que enfrenta el país.
*      Mostraran su disposición a participar en pro­yectos conjuntos de mutuo beneficio.
*      Señalaran la necesidad de establecer mecanis­mos de colaboración permanente.
*      Consideraran necesario buscar alternativas de financiamiento gubernamental para los proyectos de investigación y desarrollo tecno­lógico que beneficien a las micro y pequeñas empresas.
*      Destacaran que la vinculación es una oportu­nidad de complementación entre las empresas y las instituciones educativas en la introduc­ción de mejoras en los procesos productivos y en el desarrollo de productos, en apoyo a la consolidación del aprendizaje empresarial, y admitieran la necesidad de eliminar la descon­fianza derivada del desconocimiento mutuo, de las diferentes lógicas de trabajo y de las diferencias en misiones y fines institucionales” (Pallán, 1997).

        Hasta aquí se puede concluir que la relación de la universidad con el aparato productivo debe estar definida no sólo desde la universidad y por la institución, o solamente por las necesidades del entorno, y en particular por las necesidades de las empresas privadas o públicas, sino que tiene que permitir identificar los logros y necesidades de estas organizaciones para determinar en qué podemos apoyarlas y en que pueden ellas con­tribuir con los fines de la universidad. De esta forma la vinculación logra la unión entre las diferentes demandas y necesidades del aparato productivo con lo que la institución requiere para cumplir su misión de institución formadora, ya que favorece y promueve la unión y articulación de necesidades, intereses y capacidades entre la universidad pública y su entorno local, regional, nacional e internacional.
        Por tanto, la vinculación universidad-sector productivo tiene sentido en tanto contribuya a solucionar los problemas nacionales y a com­batir los fuertes rezagos sociales, pero también en tanto se convierta en un medio para que los alumnos y profesores aprendan, consoliden y apliquen sus conocimientos, fortalezcan y actualicen su formación. Esta condición hace que la universidad transite por dos estrategias básicas de vinculación:
1)    Consiste en dar respuesta a las necesidades y solicitudes del sec­tor productivo, de manera reactiva, adecuándose a estas solicitudes y requerimientos.
2)    Consiste en utilizar su capacidad visionaria para adelantarse a estas necesidades y solicitudes y proponer avances e innovaciones para prever problemas y necesidades futuras, de manera proactiva o anticipatoria.

        La primera estrategia se realiza mediante una estrecha interrelación universidad-empresa o universidad-sector productivo, para la transfe­rencia de tecnología, los servicios científicos y tecnológicos, la comercialización de resultados, servicios y productos generados por la universi­dad, o las prácticas profesionales que de manera unidireccional solicitan las empresas con base en sus necesidades, o bien, ofrecen las instituciones de educación superior con base en sus resultados. Este tipo de vinculación es una necesidad para ambas partes y sin duda debe seguir realizándose.
        Así pues, la vinculación es y debe ser im­portante para las empresas, pero también para las instituciones de educación superior. Las universidades no podemos limitarnos sólo a dar respuesta a lo que las empresas y organizaciones del sector productivo nos demanden, y cuando ellas lo soliciten, aunque, sin duda, tenemos que atender estas necesidades.
        La segunda estrategia plantea la generación de una interrelación permanente y con objetivos comunes de largo plazo, por lo que se realiza como una interacción activa, multidireccional o al menos bidireccional entre la universidad y el sector productivo, mediante un proceso estratégico que implica enlazar a todas las áreas y funciones de la universidad con todas las áreas y funciones de las empresas y organismos del sector productivo, generando cambios y trans­formaciones sustantivas tanto en la organización y funcionamiento de las universidades, como en las empresas del sector productivo, que producen mecanismos de enlace permanentes y crecientes entre ellas.
        La vinculación se convierte así, más que en una respuesta mecánica a las necesidades pre­sentes del sector productivo, en un elemento transformador de las universidades porque les permite calibrar y armonizar sus objetivos y funcionamiento con las transformaciones que requiere y requerirá el sector productivo y en general la sociedad, y es un elemento transfor­mador de las empresas, inmersas en un entorno fuertemente cambiante y competitivo, porque les proporciona información, recursos humanos y conocimientos para propiciar su desarrollo y competitividad, para anticiparse a los cambios, con lo que se generan sinergias que potencian los recursos de cada una de ellas y multiplican las resultados que podrían obtener si actuaran separadamente.
La prestación de servicios y la transferencia de conocimientos y tecnología debe ser una parte de esta relación universidad-empresa, pero las IES como formadoras, deben hacer prioritario en la vinculación, el fortalecimiento de su modelo académico, la actualización y funcionalidad de su curriculum, la generación de espacios para vivencias y experiencias reales de sus profesores y estudiantes en el mundo productivo, así como la generación de espacios donde los representantes de las empresas puedan ser consultados sobre las decisiones académicas relacionadas con las necesidades de formación de los estudiantes para que enfrenten con éxito el trabajo que re­quieren las empresas. Una de las líneas de acción y varias metas del actual Programa Nacional de Educación buscan perfeccionar las estructuras de participación social en el nivel nacional, me­diante la creación de los Consejos Consultivos de Vinculación para la Educación Media Superior y Superior, cuyo objetivo será recoger, de manera sistemática, la opinión de los diferentes sectores productivos y núcleos sociales para enriquecer las políticas establecidas por las autoridades e instancias responsables de coordinar dichos niveles educativos (PNE, 2001).
La formación de los estudiantes no depende ya única y exclusivamente de los profesores y de los directivos universitarios, el sector productivo y los demás sectores de la sociedad tienen voz y un lugar donde sea escuchada para generar acuerdos sobre el futuro de esta formación y tienen el compromiso de posibilitar experiencias formativas en su realidad. Por tanto, la forma­ción de los estudiantes también depende de ellos mismos, de su capacidad y actitud hacia los nuevos elementos formativos y hacia los nuevos ambientes de aprendizaje.


LAS PRIORIDADES UNIVERSITARIAS EN LA VINCULACIÓN


       La vinculación no debe tener como principio único la generación de recursos adicionales al subsidio que reciben las universidades, por más insuficiente que este sea. Si bien es importante contar con fuentes alternativas para el financiamiento universitario, no deben utilizarse recursos y esfuerzos para realizar acciones que sean prestación aislada de servicios, sin una repercusión en los procesos formativos, sino que su objetivo debe centrarse en lograr el re­conocimiento social de la universidad, impulsar la creación de nuevos espacios de aprendizaje donde se ponga en contacto a profesores y estudiantes con la realidad productiva y social, mediante actividades como la realización de prácticas profesionales, asesorías y experimenta­ción que representen un beneficio académico y, al mismo tiempo, un apoyo a los sectores social y productivo, esto es, realizar acciones vinculadas que tengan impacto en la formación de los es­tudiantes y de los profesores, y que sean acordes con el modelo académico y el perfil competitivo de los egresados.
       Por eso se ha considerado que algunos de los retos de la universidad en relación con la vincula­ción son: “Lograr una mayor claridad y precisión sobre el significado y ámbito de acción de las actividades de vinculación; un fortalecimiento al desarrollo de las actividades de investigación (básica y aplicada) y desarrollo tecnológico, y por tanto de los bienes y servicios que se pueden ofrecer a la sociedad; la delimitación de un marco normativo en las IES respecto a la vinculación con sectores específicos; el incluir la práctica profesional dentro de los programas académicos, con el fin de propiciar la solución de los requeri­mientos del sector productivo; la compatibilidad entre los servicios y productos que ofrecen las IES y los que demandan los sectores productivos, entre otros” (ANUIES, 1995).
       Por tanto el perfil de egreso y los planes de estudio deben incorporar contenidos y activida­des de vinculación con los diferentes sectores sociales y económicos y deberán estar diseñados incluyendo actividades de aprendizaje que per­mitan la práctica en las organizaciones del sector productivo, acorde con el perfil internacional de las profesiones, la acreditación de la calidad de los programas y el desarrollo de competencias internacionales en los estudiantes. Las estancias y prácticas en el sector productivo, así como en el de servicios, en organizaciones sociales y guber­namentales, tienden a ser cada vez más una parte importante de los créditos, materias o espacios curriculares, y de los espacios de aprendizaje de los estudiantes y de la actualización y formación de los profesores.
       Pero también la vinculación debe conver­tirse en un medio para actualizar y mejorar los procesos de gestión institucional, y para crear mecanismos que permitan que los responsables de estos procesos comprendan y tengan la capacidad para impulsar los cambios en la estruc­tura, la organización y el funcionamiento de las universidades, transformándolas en instituciones flexibles, capaces de responder a las necesidades de todos los sectores de la sociedad, y a las par­ticularidades del sector productivo.


LA VINCULACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA CON EL SECTOR PRODUCTIVO


       En 1995 dio inicio un amplio programa para organizar y desplegar los recursos y poten­cialidades de vinculación a favor del desarrollo económico, social, político y cultural del estado. El programa denominado Acuerdo Universita­rio para el Desarrollo Sostenible del Estado de Jalisco (ACUDE), se divide en cuatro subprogra­mas:
1)    Administra, orientado a brindar apoyo a la administración pública.
2)    Produce, cuyo objetivo principal es colaborar con el sector productivo y de servicios.
3)    Comparte, dirigido a los sectores sociales más desfavorecidos y se orienta a brindar apoyo para lograr un desarrollo social más equitativo.
4)    Divulga, que articula acciones para lograr la difusión de la cultura y la investigación científica y tecnológica en el estado.
      
        De esta manera la U DE G define a la vincula­ción desde dos perspectivas:

1)    Como la actividad tiene por objetivo poner los resultados de sus trabajos de investigación aplicada, las innovaciones y desarrollos tec­nológicos y administrativos, al servicio de los sectores productivo, social y gubernamental de manera que contribuyan a la solución de los problemas que enfrenta Jalisco y México, al tiempo que apoyen y promuevan proyectos estratégicos de sostenimiento y desarrollo de los diferentes sectores, y
2)    La vinculación definida como una estrategia que permita un mejor diseño y actualización de los planes y programas de estudio, y pro­vea ambientes de aprendizaje en la realidad productiva y social, a lo largo de toda la formación de los estudiantes y como apoyo a la formación y actualización de los profesores. Esta perspectiva está incluida en una concep­ción de ambientes de aprendizaje múltiples y flexibles, y por tanto requieren cambios en el modelo académico que ha prevalecido en la institución, tal y como se plantea en el nuevo Plan de Desarrollo Institucional (U DE G, 2003).

       Es innegable entonces el papel estratégico y la importancia que para el desarrollo y calidad del trabajo institucional tiene la vinculación en general y en particular la vinculación con el sector productivo. Las universidades públicas debemos, por tanto, continuar impulsando cambios y reformas que permitan avanzar en el pleno desarrollo de una mayor vinculación con el sector productivo que proporcione a nuestros estudiantes y profesores, los nuevos espacios de formación que requieren los perfiles competiti­vos y acreditados de nuestros programas y egre­sados, y que trascienden el aula y el laboratorio, para incursionar en los aprendizajes dentro del ambiente productivo real.
       Estas experiencias vivenciales no pueden ser sustituidas por los ambientes virtuales ni por las actividades realizadas dentro de los espacios tradicionales de la Universidad, se trata de pro­cesos de aprendizaje que requieren la práctica profesional en la empresa, dentro y fuera de la realidad local, para asegurar que los futuros profesionales contarán en su formación con los elementos básicos para responder a los retos que enfrenta el sector productivo y al compromiso social universitario.
      

PROBLEMAS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR: VINCULACIÓN Y PERTINENCIA SOCIAL


            Se reconoce que la responsabilidad de los centros universitarios y de los futuros empleadores es diferenciada en lo que compete a sus respectivas prioridades y capacidades institucionales, ello es, a lo que deben y pueden hacer en sus particulares marcos de acción. En el caso del sistema educativo, las prioridades tienen que ver con los fines y propósitos de la educación –responden al qué y para qué de ésta–; y las capacidades con el cómo se concretan tales fines y propósitos. Desde una vertiente pragmática, técnica o instrumental, la prioridad se liga a su capacidad institucional para proveer una determinada plataforma de profesionistas adelantándose a los requerimientos del mercado laboral; y desde una vertiente ética, implica posicionarse en términos normativos ante los distintos problemas económicos, sociales y ambientales del país. Esto es, tiene que ver con "decidir sobre el cómo deben ser las cosas, no sólo en el ámbito de la educación sino en uno más general del tipo ¿Qué sociedad queremos? ¿Son igual de legítimas todas las desigualdades? ¿Qué valores vamos a priorizar? ¿Qué derechos consideramos más fundamentales, los relacionados con la libertad o con la equidad?" (Merino, Guillem, Troiano, 2003: 358–359).
            Es obvio suponer que los objetivos de formación y capacitación en educación, los programas académicos, los procesos de vinculación social e institucional y, en suma, los perfiles profesionales de egreso están en sintonía con este tipo de posicionamiento ético y que si bien las capacidades institucionales no son un fin educativo en sí mismo constituyen medios sumamente importantes para hacer viable el porqué y para qué de la educación.
            En el caso de los empleadores, la responsabilidad también toca criterios pragmáticos, instrumentales, sociales y/o éticos. Su orientación, en el marco de un determinado proyecto de desarrollo nacional y/o regional, dependerá de las prioridades establecidas en éste; de las directrices políticas y distribución presupuestal a favor de ciertos programas o proyectos. Un aspecto sustancial será si tal estrategia de desarrollo se delinea por criterios de libre mercado en un afán de lograr un mejor posicionamiento económico a nivel mundial o se perfila hacia una convergencia de intereses a favor del medio ambiente, la equidad y el desarrollo social.
            Hasta hoy, en el esquema de prioridades de la estrategia educativa nacional prevalecen la competitividad, la modernización y el eficientismo de manera tal que incluso los llamados aprendizajes significativos y/o contextualizados tienden a orientarse por criterios instrumentales, pragmáticos o de mercado (Puebla, 2007); mientras que aquéllos de tipo axiológico –a favor del medio ambiente y la equidad social– apenas son tomados en cuenta olvidando que "la educación es una praxis humana donde más que hacer cosas se pretende construir bienes morales y humanos que implican reflexión, conocimiento y opciones de valor" (Fernández, 2003: 32).
            Los centros universitarios, inmersos en un contexto social donde persisten las bajas tasas de empleo, pocas vacantes, sueldos escasamente competitivos y una sobre–oferta de profesionistas que terminan por subemplearse en actividades que poco o nada tienen que ver con su formación profesional, pretenden reforzar, en los programas que conforman su oferta educativa, la formación de cualidades y competencias profesionales que reclama el mercado de trabajo –principalmente privado–. No obstante, los empleadores tienden a valorar como deficiente la formación del profesionista universitario, es decir, a considerar que el perfil de egreso de los estudiantes universitarios carece de los conocimientos y las capacidades ligadas al aprendizaje de habilidades, razonamiento y solución de problemas que sus empresas requieren (De Corte, 1999).
            Por tanto, la problemática referida a la vinculación y pertinencia social de los centros universitarios viene a detonar dos problemas: Por una parte, que las instituciones no incluyen la formación de conocimientos y capacidades que el desarrollo integral del país requiere; y, por la otra, que tampoco logran ajustarse a lo que el mercado empresarial demanda –conocimientos y capacidades técnicas flexibles a los requerimientos de la empresa–. En la perspectiva de los empleadores del mercado empresarial, la plataforma de profesionistas que egresan de la mayor parte de los centros educativos del país no les garantiza alcanzar los estándares de productividad, competitividad y eficiencia que, en la llamada sociedad del conocimiento, deberían lograr. Por lo mismo, quienes participan en el diseño y ejecución de la política educativa nacional se enfocan de nuevo al diseño de diagnósticos, reformas y/o nuevos planes y estrategias en un afán de subsanar tales limitaciones o incongruencias del sistema educativo con el mercado laboral. Se redunda entonces en una especie de círculo vicioso donde ni unos ni otros –empleadores e instituciones educativas–, se comprometen a trabajar en el diseño de un proyecto de desarrollo orientado por criterios axiológicos a favor de la equidad social que garantice empleos suficientes y competitivos a esa gran oferta de egresados universitarios; la solución se deja en manos del libre juego de la oferta y la demanda que presenta el mercado del trabajo. Hasta hoy, la política educativa nacional se mueve en ese mar encontrado de prioridades e intereses. Al igual y como sucede en otros campos sociales, todo parece indicar que también en educación, en los hechos y en el discurso, "...la modernización lleva a una progresiva colonización de la racionalidad por la empresa capitalista y el estado moderno" (Flecha y Serradell, 2003: 67).
            De ahí la conveniencia de impulsar procesos de reflexión y diálogo que permitan adentrarnos en el horizonte de retos y posibilidades que representa para las instituciones educativas y para las empleadoras la definición de prioridades y estrategias que faciliten avanzar hacia los propósitos ambientales y de equidad social que pregona el desarrollo sustentable.


MARCO INTERNACIONAL QUE CONDICIONA EL RUMBO DE LA EDUCACIÓN


            El proceso de globalización económica y la mayor interdependencia mundial constituyen el marco internacional en el cual las instituciones educativas están operando con todos los desafíos y oportunidades que tales procesos representan (Piña, 2006). La educación superior debe tomar en cuenta esos procesos que los sistemas de comunicación han fortalecido en los últimos años (ANUIES, 2000), pero también los escenarios de crisis recurrentes que siguen presentes o latentes y, por ende, las sombrías perspectivas de trabajo que tiene esa potencial oferta de egresados universitarios. Su reto es hacer viable un desarrollo integral que considere ese escenario económico sin obviar la problemática social y ambiental de nuestro tiempo.
            Ante esta situación, la UNESCO (1995) destaca como una prioridad educativa trabajar por el crecimiento económico, social y cultural en el marco del desarrollo humano sostenible y reforzar el papel de la universidad para fomentar tal desarrollo a través de programas emergentes en términos de pertinencia, calidad e internacionalización. Postula ampliar y diversificar la oferta educativa; actualizar periódicamente los contenidos educativos y la forma de organizar y operar la currícula resultante; sustentar los programas académicos en la pertinencia, la cooperación con el mundo del trabajo y la innovación en los métodos educativos. Es decir, encauzar a ciertos fines la relación existente entre la educación superior y el mercado laboral.
            En los países de América Latina, los retos en educación superior son mayores por las limitaciones estructurales que los caracterizan (Andere, 2003). Persisten los referidos a elevar la matrícula, la eficiencia terminal y mejorar la calidad, junto con aquéllos que plantean desarrollar conocimientos y habilidades específicas a los requerimientos del mercado laboral, diversificar los perfiles profesionales de egreso e idear mecanismos viables que permitan la inserción eficiente de los egresados universitarios en la economía nacional.
            Pero también, en un nivel paralelo de prioridad por lo que representan para el proyecto de desarrollo económico del país, está una serie de definiciones pendientes de tomar. En particular, hace falta encontrar un equilibrio entre la inserción en la comunidad internacional y la atención a las circunstancias propias; entre la búsqueda del conocimiento por sí mismo y la atención a necesidades sociales; entre fomentar capacidades genéricas o desarrollar conocimientos específicos; entre responder a demandas del empleador o adelantarse y descubrir anticipadamente el mundo del trabajo futuro, entre otros (Flores, 2005).
            En ese proceso de definiciones y prioridades educativas está en juego el éxito o fracaso "del proyecto progresista que supone la educación obligatoria universalizada" (Gimeno, 2005:67) que, como señala el autor citado, tiene mucho que ver con el
            ...hasta hoy vago cumplimiento de sus grandes objetivos y con las desigualdades que el logro de éstos ha provocado en diferentes colectivos humanos: la eficacia de la modernidad.. . se vive como una distancia entre las promesas realizadas y las incumplidas. Distancia entre el desarrollo material, científico y tecnológico, por un lado, que necesita de la educación y presiona fuertemente sobre ésta; mientras que, por otro, distan de cumplirse satisfactoriamente las promesas de libertad, autonomía y mejora de la condición humana.
            En esa perspectiva crítica y reflexiva se propone pensar la educación, en general, y la referida a los sistemas de educación superior, en lo particular, como parte de un proyecto nacional que contemple diferentes aspectos del ser humano, de la cultura y la sociedad a la hora de seleccionar sus contenidos sustantivos, la especialización, las prácticas o actividades a realizar, su vinculación social, los perfiles profesionales, etcétera. De proceder así, la significancia de los criterios económicos y de mercado reside en que son parte de la plataforma productiva que generan los recursos que pueden facilitar la consecución de tales fines y no al revés, como sucede en el diseño y planeación de las políticas educativas en la mayor parte de los países cuyos proyectos educativos terminan supeditados a los fines del mercado.


CONCLUSIONES
            La pertinencia de la oferta educativa y las bondades que representan los procesos de vinculación social que han privilegiado los centros universitarios han sido los puntos desarrollados en este trabajo.
            Los datos muestran que el proceso de terciarización presentado por la economía mexicana en los últimos años ha propiciado una fuerte concentración de la matrícula en unas cuantas carreras, una mayor sobre–oferta educativa, insuficiente formación de profesionistas en ciertas ramas y especialidades, problemas de calidad y eficiencia terminal, mayor subempleo y en general, una gran cantidad de profesionistas subempleados.
            Hay quien señala que la escasa planeación educativa ha sido la principal causa de los problemas (SEP, 2001) aún y cuando también se reconocen como parte de los resultados del agresivo programa económico neoliberal instrumentado en el país en las últimas tres décadas, es decir, buena parte de los problemas de vinculación y pertinencia social del sistema educativo derivan del modelo de desarrollo económico nacional.
            El discurso a favor de propósitos sociales y de equidad si bien tiende a ganar adeptos en el terreno académico y da sentido a distintos procesos de lucha social, en el proyecto de desarrollo nacional y en las políticas sectoriales derivadas –la educativa entre ellas–, tal discurso es subsumido por el del libre mercado, la competitividad y el crecimiento económico.
            No obstante, un estudio recientemente realizado para analizar los resultados de las políticas de desarrollo regional que han vertebrado en sus propuestas a las instituciones de educación superior (OCDE, 2007), ha puesto en evidencia que, en general, las políticas que han contribuido a reforzar la relación entre la educación superior y sus regiones en el contexto de una economía globalizada del conocimiento han sido incapaces de sostener el despegue económico y lograr la redistribución de los recursos para reducir las disparidades regionales. En general, se reconoce el fracaso de las políticas centradas en apoyar a las regiones más desfavorecidas y se propone centrar la atención en las regiones con mayor potencial de desarrollo con base en criterios de competitividad más eficaz y a las ventajas comparativas. El nuevo discurso destaca que "las instituciones de educación superior van a jugar un papel cada vez más importante aportando el saber, facilitando un desarrollo concentrado y siendo principales actores en los sistemas regionales de innovación" (OCDE, 2007: 33). De un apoyo generalizado a las regiones desfavorecidas se eligen ahora sólo aquéllas que contengan ciertos atributos potenciales para el desarrollo de alguna ventaja competitiva vía procesos de innovación –en esto último es donde intervienen las instituciones de educación superior– y de nuevo, la apuesta económica y educativa tiende a orientarse por criterios mercantilistas.
            En contraparte a esas transformaciones económicas que han tenido lugar en la sociedad en los últimos años, se ha reforzado la necesidad de abordar la educación como un proceso social complejo –orientado por fines y propósitos axiológicos– que tiene que ver con el tipo de sociedad y ser humano que interesa formar. En este caso, se reconoce que el papel de los centros escolares rebasa la simple generación de conocimiento útil en términos instrumentales o pragmáticos y que su tarea fundamental tiene que ver con la formación de un sujeto moral con capacidad de elección. De ahí la necesidad de que las instituciones escolares brinden conocimientos significativos adecuados a cada contexto social y comunidad educativa. Se trata de ligar la educación a un proyecto social que brinde la posibilidad de dignificar a los seres humanos –a todos y cada uno de ellos–, al tiempo que contribuya a la mejora de la sociedad (Gimeno, 2000: 20).
            En lo que respecta a los centros universitarios, en una situación hipotética –que elude la compleja gama de intereses económicos y políticos involucrados en la definición de un proyecto de desarrollo– se supone que si el programa político pretende el desarrollo equilibrado del país –en lo económico, social y ambiental–, hará falta una plataforma de profesionistas que posea los conocimientos, las habilidades y las capacidades suficientes para sumarse al diseño y puesta en práctica de estrategias integrales de planeación en ese sentido. En el mercado de trabajo, seguirá presente la necesidad de contratar a quienes sean capaces de afrontar el contexto de interdependencia económica mundial y aprovechar mejor los retos y oportunidades que brindan los procesos de comunicación y globalización actual. Por tanto, el reto de las instituciones educativas como el de los empleadores será sumar esfuerzos para trabajar en el diseño, definición, planeación y apoyo de los programas que garanticen tal formación profesional con la salvedad que ambas tomarán en cuenta los lineamientos establecidos en la agenda política nacional.
            Entre los desafíos que la universidad tendrá que enfrentar para cumplir con sus funciones y responsabilidades sociales, destaca su potencial contribución en la formación de individuos sensibles y socialmente comprometidos con las problemáticas del país, capaces de responder con firmes criterios axiológicos a favor de la equidad, en las transformaciones que el país experimenta. Las exigencias apuntan a dar un sentido más integral a la política económica nacional que consideren los criterios sociales y de equidad que se han dejado de lado y que redunden en una mejoría en las expectativas de trabajo que tienen los jóvenes que egresan del sistema de educación superior en la medida que se concrete en una política educativa que facilite diversificar la matrícula, actualizar los contenidos y la calidad de los programas que se ofrecen.
            La planeación del sistema de educación superior lleva a preguntar ¿Con qué fin? ¿Por qué? ¿Para qué? y ¿Para quién? Establecidas las metas de desarrollo social y económico se puede prever qué tipo de recursos humanos es necesario formar para alcanzar esos objetivos y derivar entonces de tales directrices la respuesta que hasta hoy ha brindado el proyecto económico nacional en general y la política educativa en particular, a las interrogantes anteriores. Las prioridades nacionales se han ajustado a las necesidades que establece el libre mercado en un ambiente de competitividad y globalización económica sin lograr mejorar de manera significativa la situación económica nacional ni acortar las brechas y desigualdades sociales. A la par, se han exacerbado los problemas de pertinencia y vinculación de las instituciones educativas con tales sectores por estar cada vez más alejadas de los objetivos. Sigue ausente un interés claro y decidido en la política económica nacional por impulsar un desarrollo equilibrado que armonice criterios sociales, ambientales y económicos que tome en cuenta a las instituciones de educación superior como bastiones importantes en la planeación, ejecución y logro de tales propósitos.
            No debe extrañar entonces que, lo que se plantea de manera parcial y esporádica en la política educativa a favor del desarrollo sustentable, la equidad y justicia social por un lado, así como en lo que respecta a la pertinencia y vinculación social de las instituciones de educación superior por el otro, no deriven en procesos claros de planeación estratégica ni en recursos o apoyos concretos en el corto, mediano o largo plazo para tratar de impactar las actuaciones concretas de los diferentes órdenes y grupos de participación referidos al gobierno, los estados, los sistemas e instituciones educativas, los patronatos e instituciones empresariales, las distintas asociaciones de profesionistas, etcétera.
            En ese mundo de definiciones que tienen que ver con la pertinencia y vinculación social de los centros universitarios, los intereses económicos y políticos involucrados se polarizan cada vez: está en juego el futuro de las universidades pero también, el desarrollo del país. En ello residen las dificultades de instrumentar lineamientos de política que prioricen criterios de equidad encaminados a mejorar las expectativas de trabajo a los jóvenes egresados del sistema de educación superior. Los problemas ligados a la globalización que enmarcan y producen los problemas contemporáneos de educación "...han resultado en un conjunto de soluciones genéricas expresadas en distintas reformas y procesos de reestructuración educativa que al final de cuentas siguen desempeñando la 'función ritual' de conseguir seguridad por medio del discurso y de restringir posibilidades de respuesta más integrales que prioricen criterios de equidad y justicia social" (Ball, 2002:124).


CYBERGRAFÍA

http://colpospuebla.mx/vinculacionmae RECUPERADO EN FECHA: 4 DE AGOSTO DE 2014.
http://www.uaemex.mx/plin/psus/rev11/3def.htm RECUPERADO EN FECHA: 4 DE AGOSTO DE 2014.
https://www.youtube.com/watch?v=g-cumxQxFAw RECUPERADO EN FECHA: 12 DE AGOSTO DE 2014.