“CÓMO
SE DA LA VINCULACIÓN ENTRE PROCESOS FORMATIVOS ENTRE SECTORES SOCIALES Y
PRODUCTIVOS”
LA VINCULACIÓN DE LA UNIVERSIDAD PÚBLICA CON EL SECTOR
PRODUCTIVO
La construcción de nuevos ambientes de aprendizaje y la ampliación
de los perfiles de los profesionistas y posgraduados que forman las
universidades, es una tarea que requiere replantearse e intensificarse, y en
ella la vinculación en general, y en especial la vinculación con el sector
productivo y de servicios cobre nueva relevancia, pues debe reconocerse que no
es la universidad la que determina cuáles son los conocimientos importantes,
sino que se trata más bien de conceptos sociales que son reformulados
continuamente en respuesta a los cambios sociales y tecnológicos.
Una forma de motivar a los jóvenes a preocuparse por su futuro
es ampliar su conocimiento de la realidad social, cultural, política, de salud,
de comunicación y desarrollo económico y empresarial, e incorporar en esta
perspectiva el futuro que debemos ir construyendo para el México que anhelamos.
La vinculación de la Universidad con el sector productivo es un amplio objetivo
que debe abordarse desde el conjunto de actividades que forman parte de una de
las funciones sustantivas de las universidades.
Las nuevas generaciones de jóvenes, pero también los adultos,
requieren de una renovada cultura laboral y tecnológica, que plantea tres
grandes tipos de desafíos, estrechamente interrelacionados, a la educación
para el trabajo en los países latinoamericanos, construir una cultura básica,
general para toda la población; fortalecer y transformar sus instituciones de
educación profesional y técnica y ampliar y fortalecer la masa crítica de
profesionales de alto nivel, investigadores y científicos capaces de entender,
influir y controlar las tendencias mundiales dominantes en Ciencia y
Tecnología y servir de puente para su transferencia necesaria en la aplicación
y desarrollo nacional. Ya no es posible priorizar la respuesta a uno de esos
desafíos, en detrimento de la respuesta a los otros dos.
Las oportunidades de formación para el trabajo en nuestros
países conducen a una situación muy desigual en cuanto a cobertura,
pertinencia y calidad, y a pesar de los esfuerzos realizados no han podido
evitar el crecimiento de un grupo especialmente vulnerable, el de los jóvenes
con escasa escolaridad y sin experiencia laboral que van quedando excluidos
tanto de las oportunidades de formación como de las oportunidades laborales
(De Ibarrola, 1998).
Los ambientes de aprendizaje tradicional, limitados a los
espacios físicos dentro de las instituciones de educación superior (IES), los
perfiles profesionales sesgados hacia la enseñanza y hacia la formación de
conocimientos y habilidades, resultan insuficientes en un entorno social que
ha sufrido transformaciones fundamentales y ante una sociedad que reclama
mejores respuestas a sus crecientes necesidades. De ahí que la construcción de
nuevos ambientes de aprendizaje y la ampliación de los perfiles de los profesionistas
y posgraduados que forman las universidades, sea una tarea que requiere
replantearse e intensificarse, y en ella la vinculación en general, y en
especial la vinculación con el sector productivo y de servicios cobre nueva
relevancia, pues debe reconocerse que “no es la Universidad la que determina
cuáles son los conocimientos importantes, sino que se trata más bien de
conceptos sociales que son reformulados continuamente en respuesta a los
cambios sociales y tecnológicos. La universidad, al integrarse más con
criterios cognitivos de la sociedad, se ve obligada a mostrar nuevas
definiciones sobre lo que se debe conocer y aprender” (Barnett, 2001).
Pero no sólo en
el sector educativo le confiere una especial importancia a la vinculación, el
Programa Especial de Ciencia y Tecnología (CONACYT, 2001) considera que la
investigación aplicada y tecnológica tienen un papel relevante como medios para
contribuir al aumento de la productividad, competitividad y crecimiento
económico y social del país; de ahí la urgente necesidad de articular un
proceso adecuado de vinculación para que ésta investigación responda a las
demandas de los sectores empresarial y social. El Programa mencionado considera
fundamental:
a) Promover diseños curriculares que desarrollen en el estudiante
mentalidad innovadora, espíritu emprendedor y habilidades técnicas que
respondan a los requerimientos del sector productivo.
b) Fomentar la comunicación entre las instituciones académicas y de
investigación con las organizaciones empresariales para apoyar las demandas de
las pequeñas y medianas industrias.
c) Impulsar la asistencia tecnológica, la capacitación y la
formación de especialistas en los sistemas de mayor valor para el sector
productivo.
¿QUÉ ES LA VINCULACIÓN?
Pero, ¿qué es
la vinculación?, ¿cómo se le ha conceptualizado?, ¿por qué sigue siendo una
actividad sustantiva dentro de las funciones que realizan las instituciones
formadoras del nivel superior?, ¿qué nuevo papel juega en el trabajo y en las
funciones sustantivas de las universidades?
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO) recomienda a las universidades fortalecer las
funciones de servicio a la sociedad, especialmente aquellas orientadas a
erradicar la pobreza, la intolerancia, la violencia, el analfabetismo, el
hambre, el deterioro del medio ambiente y las enfermedades. Reforzar la
cooperación con el mundo del trabajo mediante la participación en los órganos
rectores de las IES, ampliar las posibilidades de aprendizaje profesional y
combinación de estudios y trabajo, intercambio de personal y revisión de planes
de estudio mejor adaptados a la práctica profesional y para aprender a
emprender (UNESCO, 1998). Esto es, vincular el proceso formativo y de generación
y distribución del conocimiento que realizan las IES con las necesidades y
requerimientos presentes y futuros de las organizaciones productivas y sociales
en general.
También se ha definido a la vinculación como “el proceso
integral que articula las funciones sustantivas de docencia, investigación y
extensión de la cultura, así como los servicios de las instituciones de
educación superior, para su interacción eficaz y eficiente con el entorno
socioeconómico” (Gould, 2002), esto es generar enlaces efectivos y de beneficio
mutuo entre la Universidad y las empresas, como una parte importante de la
vinculación, pero no limitarse a estos vínculos, sino que ampliarlos hacia
todos los sectores sociales y a todos los ámbitos de la realidad.
EL SIGNIFICADO DE LA VINCULACIÓN UNIVERSITARIA CON EL SECTOR
PRODUCTIVO
Vincular significa unir, atar, articular, enlazar esfuerzos,
trabajos y objetivos, así la vinculación universidad-sector productivo implica
reconocer la necesidad de ambas partes de complementarse, de apoyarse
mutuamente para lograr sus objetivos.
La misión de la universidad pública es ser una institución
formadora de profesionistas que como ciudadanos y personas comprometidas con su
país, su estado y su localidad, pongan sus conocimientos y sus capacidades al
servicio de la sociedad y para resolver sus problemas. La finalidad del sector
productivo es generar los bienes y servicios que satisfagan las necesidades de
la población local, nacional y mundial, con el empleo justo y respetuoso de las
personas y de la naturaleza. Así, tanto las universidades como las
organizaciones que forman el sector productivo, tenemos el compromiso de
atender necesidades sociales, por lo que sumar esfuerzos y lograr apoyarnos
para conseguir nuestros objetivos es también una necesidad.
A su vez,
“los Encuentros Regionales (de la ANUIES) permitieron identificar las
coincidencias y los retos para que los representantes de las IES y del sector
productivo:
Hasta aquí se puede
concluir que la relación de la universidad con el aparato productivo debe estar
definida no sólo desde la universidad y por la institución, o solamente por las
necesidades del entorno, y en particular por las necesidades de las empresas
privadas o públicas, sino que tiene que permitir identificar los logros y
necesidades de estas organizaciones para determinar en qué podemos apoyarlas y
en que pueden ellas contribuir con los fines de la universidad. De esta forma
la vinculación logra la unión entre las diferentes demandas y necesidades del
aparato productivo con lo que la institución requiere para cumplir su misión de
institución formadora, ya que favorece y promueve la unión y articulación de
necesidades, intereses y capacidades entre la universidad pública y su entorno
local, regional, nacional e internacional.
Por tanto, la vinculación
universidad-sector productivo tiene sentido en tanto contribuya a solucionar
los problemas nacionales y a combatir los fuertes rezagos sociales, pero
también en tanto se convierta en un medio para que los alumnos y profesores
aprendan, consoliden y apliquen sus conocimientos, fortalezcan y actualicen su
formación. Esta condición hace que la universidad transite por dos estrategias
básicas de vinculación:
1) Consiste en dar respuesta a las necesidades y solicitudes del
sector productivo, de manera reactiva, adecuándose a estas solicitudes y
requerimientos.
2) Consiste en utilizar su capacidad visionaria para adelantarse a
estas necesidades y solicitudes y proponer avances e innovaciones para prever
problemas y necesidades futuras, de manera proactiva o anticipatoria.
La primera estrategia se realiza
mediante una estrecha interrelación universidad-empresa o universidad-sector
productivo, para la transferencia de tecnología, los servicios científicos y
tecnológicos, la comercialización de resultados, servicios y productos
generados por la universidad, o las prácticas profesionales que de manera
unidireccional solicitan las empresas con base en sus necesidades, o bien,
ofrecen las instituciones de educación superior con base en sus resultados.
Este tipo de vinculación es una necesidad para ambas partes y sin duda debe
seguir realizándose.
Así pues, la
vinculación es y debe ser importante para las empresas, pero también para las
instituciones de educación superior. Las universidades no podemos limitarnos
sólo a dar respuesta a lo que las empresas y organizaciones del sector
productivo nos demanden, y cuando ellas lo soliciten, aunque, sin duda, tenemos
que atender estas necesidades.
La segunda
estrategia plantea la generación de una interrelación permanente y con
objetivos comunes de largo plazo, por lo que se realiza como una interacción
activa, multidireccional o al menos bidireccional entre la universidad y el
sector productivo, mediante un proceso estratégico que implica enlazar a todas
las áreas y funciones de la universidad con todas las áreas y funciones de las
empresas y organismos del sector productivo, generando cambios y transformaciones
sustantivas tanto en la organización y funcionamiento de las universidades,
como en las empresas del sector productivo, que producen mecanismos de enlace
permanentes y crecientes entre ellas.
La vinculación se
convierte así, más que en una respuesta mecánica a las necesidades presentes
del sector productivo, en un elemento transformador de las universidades porque
les permite calibrar y armonizar sus objetivos y funcionamiento con las
transformaciones que requiere y requerirá el sector productivo y en general la
sociedad, y es un elemento transformador de las empresas, inmersas en un
entorno fuertemente cambiante y competitivo, porque les proporciona
información, recursos humanos y conocimientos para propiciar su desarrollo y
competitividad, para anticiparse a los cambios, con lo que se generan sinergias
que potencian los recursos de cada una de ellas y multiplican las resultados
que podrían obtener si actuaran separadamente.
La prestación
de servicios y la transferencia de conocimientos y tecnología debe ser una
parte de esta relación universidad-empresa, pero las IES como formadoras, deben
hacer prioritario en la vinculación, el fortalecimiento de su modelo académico,
la actualización y funcionalidad de su curriculum, la generación de espacios
para vivencias y experiencias reales de sus profesores y estudiantes en el
mundo productivo, así como la generación de espacios donde los representantes
de las empresas puedan ser consultados sobre las decisiones académicas
relacionadas con las necesidades de formación de los estudiantes para que
enfrenten con éxito el trabajo que requieren las empresas. Una de las líneas
de acción y varias metas del actual Programa Nacional de Educación buscan
perfeccionar las estructuras de participación social en el nivel nacional, mediante
la creación de los Consejos Consultivos de Vinculación para la Educación Media
Superior y Superior, cuyo objetivo será recoger, de manera sistemática, la
opinión de los diferentes sectores productivos y núcleos sociales para
enriquecer las políticas establecidas por las autoridades e instancias
responsables de coordinar dichos niveles educativos (PNE, 2001).
La formación de los estudiantes no depende ya única y
exclusivamente de los profesores y de los directivos universitarios, el sector
productivo y los demás sectores de la sociedad tienen voz y un lugar donde sea
escuchada para generar acuerdos sobre el futuro de esta formación y tienen el
compromiso de posibilitar experiencias formativas en su realidad. Por tanto, la
formación de los estudiantes también depende de ellos mismos, de su capacidad
y actitud hacia los nuevos elementos formativos y hacia los nuevos ambientes de
aprendizaje.
LAS PRIORIDADES UNIVERSITARIAS EN LA VINCULACIÓN
La vinculación no debe tener como principio único la generación
de recursos adicionales al subsidio que reciben las universidades, por más
insuficiente que este sea. Si bien es importante contar con fuentes
alternativas para el financiamiento universitario, no deben utilizarse recursos
y esfuerzos para realizar acciones que sean prestación aislada de servicios,
sin una repercusión en los procesos formativos, sino que su objetivo debe
centrarse en lograr el reconocimiento social de la universidad, impulsar la
creación de nuevos espacios de aprendizaje donde se ponga en contacto a
profesores y estudiantes con la realidad productiva y social, mediante
actividades como la realización de prácticas profesionales, asesorías y
experimentación que representen un beneficio académico y, al mismo tiempo, un
apoyo a los sectores social y productivo, esto es, realizar acciones vinculadas
que tengan impacto en la formación de los estudiantes y de los profesores, y
que sean acordes con el modelo académico y el perfil competitivo de los
egresados.
Por eso se ha
considerado que algunos de los retos de la universidad en relación con la
vinculación son: “Lograr una mayor claridad y precisión sobre el significado y
ámbito de acción de las actividades de vinculación; un fortalecimiento al
desarrollo de las actividades de investigación (básica y aplicada) y desarrollo
tecnológico, y por tanto de los bienes y servicios que se pueden ofrecer a la
sociedad; la delimitación de un marco normativo en las IES respecto a la
vinculación con sectores específicos; el incluir la práctica profesional dentro
de los programas académicos, con el fin de propiciar la solución de los requerimientos
del sector productivo; la compatibilidad entre los servicios y productos que
ofrecen las IES y los que demandan los sectores productivos, entre otros”
(ANUIES, 1995).
Por tanto el perfil de egreso y los
planes de estudio deben incorporar contenidos y actividades de vinculación con
los diferentes sectores sociales y económicos y deberán estar diseñados
incluyendo actividades de aprendizaje que permitan la práctica en las
organizaciones del sector productivo, acorde con el perfil internacional de las
profesiones, la acreditación de la calidad de los programas y el desarrollo de
competencias internacionales en los estudiantes. Las estancias y prácticas en
el sector productivo, así como en el de servicios, en organizaciones sociales y
gubernamentales, tienden a ser cada vez más una parte importante de los
créditos, materias o espacios curriculares, y de los espacios de aprendizaje de
los estudiantes y de la actualización y formación de los profesores.
Pero también la vinculación debe convertirse
en un medio para actualizar y mejorar los procesos de gestión institucional, y
para crear mecanismos que permitan que los responsables de estos procesos
comprendan y tengan la capacidad para impulsar los cambios en la estructura,
la organización y el funcionamiento de las universidades, transformándolas en
instituciones flexibles, capaces de responder a las necesidades de todos los
sectores de la sociedad, y a las particularidades del sector productivo.
LA VINCULACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE GUADALAJARA CON EL SECTOR
PRODUCTIVO
En 1995 dio inicio
un amplio programa para organizar y desplegar los recursos y potencialidades
de vinculación a favor del desarrollo económico, social, político y cultural
del estado. El programa denominado Acuerdo Universitario para el Desarrollo
Sostenible del Estado de Jalisco (ACUDE), se divide en cuatro subprogramas:
1) Administra, orientado a brindar apoyo a la administración
pública.
2) Produce, cuyo objetivo principal es colaborar con el sector
productivo y de servicios.
3) Comparte, dirigido a los sectores sociales más desfavorecidos y
se orienta a brindar apoyo para lograr un desarrollo social más equitativo.
4) Divulga, que articula acciones para lograr la difusión de la
cultura y la investigación científica y tecnológica en el estado.
De esta manera la U DE G define a la
vinculación desde dos perspectivas:
1)
Como la actividad tiene por objetivo poner los resultados de sus
trabajos de investigación aplicada, las innovaciones y desarrollos tecnológicos
y administrativos, al servicio de los sectores productivo, social y
gubernamental de manera que contribuyan a la solución de los problemas que
enfrenta Jalisco y México, al tiempo que apoyen y promuevan proyectos
estratégicos de sostenimiento y desarrollo de los diferentes sectores, y
2)
La vinculación definida como una estrategia que permita un mejor
diseño y actualización de los planes y programas de estudio, y provea
ambientes de aprendizaje en la realidad productiva y social, a lo largo de toda
la formación de los estudiantes y como apoyo a la formación y actualización de
los profesores. Esta perspectiva está incluida en una concepción de ambientes
de aprendizaje múltiples y flexibles, y por tanto requieren cambios en el modelo
académico que ha prevalecido en la institución, tal y como se plantea en el
nuevo Plan de Desarrollo Institucional (U DE G, 2003).
Es innegable entonces el papel
estratégico y la importancia que para el desarrollo y calidad del trabajo
institucional tiene la vinculación en general y en particular la vinculación
con el sector productivo. Las universidades públicas debemos, por tanto,
continuar impulsando cambios y reformas que permitan avanzar en el pleno
desarrollo de una mayor vinculación con el sector productivo que proporcione a
nuestros estudiantes y profesores, los nuevos espacios de formación que
requieren los perfiles competitivos y acreditados de nuestros programas y egresados,
y que trascienden el aula y el laboratorio, para incursionar en los
aprendizajes dentro del ambiente productivo real.
Estas experiencias vivenciales no pueden
ser sustituidas por los ambientes virtuales ni por las actividades realizadas
dentro de los espacios tradicionales de la Universidad, se trata de procesos
de aprendizaje que requieren la práctica profesional en la empresa, dentro y
fuera de la realidad local, para asegurar que los futuros profesionales
contarán en su formación con los elementos básicos para responder a los retos
que enfrenta el sector productivo y al compromiso social universitario.
PROBLEMAS DE LA EDUCACIÓN SUPERIOR: VINCULACIÓN Y PERTINENCIA
SOCIAL
Se reconoce que la responsabilidad de los centros universitarios
y de los futuros empleadores es diferenciada en lo que compete a sus respectivas
prioridades y capacidades institucionales, ello es, a lo que deben y pueden
hacer en sus particulares marcos de acción. En el caso del sistema educativo, las
prioridades tienen que ver con los fines y propósitos de la educación
–responden al qué y para qué de ésta–; y las capacidades con el cómo se
concretan tales fines y propósitos. Desde una vertiente pragmática, técnica o
instrumental, la prioridad se liga a su capacidad institucional para proveer
una determinada plataforma de profesionistas adelantándose a los requerimientos
del mercado laboral; y desde una vertiente ética, implica posicionarse en
términos normativos ante los distintos problemas económicos, sociales y
ambientales del país. Esto es, tiene que ver con "decidir sobre el cómo deben
ser las cosas, no sólo en el ámbito de la educación sino en uno más general del
tipo ¿Qué sociedad queremos? ¿Son igual de legítimas todas las desigualdades? ¿Qué
valores vamos a priorizar? ¿Qué derechos consideramos más fundamentales, los
relacionados con la libertad o con la equidad?" (Merino, Guillem, Troiano,
2003: 358–359).
Es obvio
suponer que los objetivos de formación y capacitación en
educación, los programas académicos, los procesos de vinculación
social e institucional y, en suma, los perfiles profesionales de egreso están
en sintonía con este tipo de posicionamiento ético y que si bien las
capacidades institucionales no son un fin educativo en sí mismo constituyen
medios sumamente importantes para hacer viable el porqué y para qué de la educación.
En el caso de
los empleadores, la responsabilidad también toca criterios pragmáticos,
instrumentales, sociales y/o éticos. Su orientación, en el marco de un
determinado proyecto de desarrollo nacional y/o regional, dependerá de las
prioridades establecidas en éste; de las directrices políticas y distribución
presupuestal a favor de ciertos programas o proyectos. Un aspecto sustancial
será si tal estrategia de desarrollo se delinea por criterios de libre mercado
en un afán de lograr un mejor posicionamiento económico a nivel mundial o se
perfila hacia una convergencia de intereses a favor del medio ambiente, la
equidad y el desarrollo social.
Hasta hoy, en
el esquema de prioridades de la estrategia educativa nacional prevalecen la
competitividad, la modernización y el eficientismo de manera tal que incluso
los llamados aprendizajes significativos y/o contextualizados tienden a
orientarse por criterios instrumentales, pragmáticos o de mercado (Puebla,
2007); mientras que aquéllos de tipo axiológico –a favor del medio ambiente y
la equidad social– apenas son tomados en cuenta olvidando que "la
educación es una praxis humana donde más que hacer cosas se pretende construir
bienes morales y humanos que implican reflexión, conocimiento y opciones de valor"
(Fernández, 2003: 32).
Los centros
universitarios, inmersos en un contexto social donde persisten las bajas tasas
de empleo, pocas vacantes, sueldos escasamente competitivos y una sobre–oferta
de profesionistas que terminan por subemplearse en actividades que poco o nada
tienen que ver con su formación profesional, pretenden reforzar, en los
programas que conforman su oferta educativa, la formación de cualidades y
competencias profesionales que reclama el mercado de trabajo –principalmente
privado–. No obstante, los empleadores tienden a valorar como deficiente la
formación del profesionista universitario, es decir, a considerar que el perfil
de egreso de los estudiantes universitarios carece de los conocimientos y las
capacidades ligadas al aprendizaje de habilidades, razonamiento y solución de
problemas que sus empresas requieren (De Corte, 1999).
Por tanto, la
problemática referida a la vinculación y pertinencia social de los centros
universitarios viene a detonar dos problemas: Por una parte, que las instituciones
no incluyen la formación de conocimientos y capacidades que el desarrollo
integral del país requiere; y, por la otra, que tampoco logran ajustarse a lo
que el mercado empresarial demanda –conocimientos y capacidades técnicas
flexibles a los requerimientos de la empresa–. En la perspectiva de los
empleadores del mercado empresarial, la plataforma de profesionistas que
egresan de la mayor parte de los centros educativos del país no les garantiza
alcanzar los estándares de productividad, competitividad y eficiencia que, en
la llamada sociedad del
conocimiento, deberían
lograr. Por lo mismo, quienes participan en el diseño y ejecución de la política educativa nacional se enfocan de nuevo al diseño
de diagnósticos, reformas y/o nuevos planes y estrategias en un afán de
subsanar tales limitaciones o incongruencias del sistema educativo con el
mercado laboral. Se redunda entonces en una especie de círculo vicioso donde ni
unos ni otros –empleadores e instituciones educativas–, se comprometen a
trabajar en el diseño de un proyecto de desarrollo orientado por criterios
axiológicos a favor de la equidad social que garantice empleos suficientes y
competitivos a esa gran oferta de egresados universitarios; la solución se deja
en manos del libre juego de la oferta y la demanda que presenta el mercado del
trabajo. Hasta hoy, la política educativa nacional se mueve en ese mar
encontrado de prioridades e intereses. Al igual y como sucede en otros campos
sociales, todo parece indicar que también en educación, en los hechos y en el
discurso, "...la modernización lleva a una progresiva colonización de la
racionalidad por la empresa capitalista y el estado moderno" (Flecha y
Serradell, 2003: 67).
De ahí la
conveniencia de impulsar procesos de reflexión y diálogo que permitan
adentrarnos en el horizonte de retos y posibilidades que representa para las
instituciones educativas y para las empleadoras la definición de prioridades y
estrategias que faciliten avanzar hacia los propósitos ambientales y de equidad
social que pregona el desarrollo sustentable.
MARCO INTERNACIONAL QUE
CONDICIONA EL RUMBO DE LA EDUCACIÓN
El proceso de globalización económica y la mayor
interdependencia mundial constituyen el marco internacional en el cual las
instituciones educativas están operando con todos los desafíos y oportunidades
que tales procesos representan (Piña, 2006). La educación superior debe tomar en cuenta esos procesos que
los sistemas de comunicación han fortalecido en los últimos años (ANUIES,
2000), pero también los escenarios de crisis recurrentes que siguen presentes o
latentes y, por ende, las sombrías perspectivas de trabajo que tiene esa
potencial oferta de egresados universitarios. Su reto es hacer viable un
desarrollo integral que considere ese escenario económico sin obviar la
problemática social y ambiental de nuestro tiempo.
Ante esta
situación, la UNESCO (1995) destaca como una prioridad educativa trabajar por
el crecimiento económico, social y cultural en el marco del desarrollo humano
sostenible y reforzar el papel de la universidad para fomentar tal desarrollo a
través de programas emergentes en términos de pertinencia, calidad e
internacionalización. Postula ampliar y diversificar la oferta educativa;
actualizar periódicamente los contenidos educativos y la forma de organizar y
operar la currícula resultante; sustentar los programas académicos en la pertinencia, la cooperación con
el mundo del trabajo y la innovación en los métodos educativos. Es decir,
encauzar a ciertos fines la relación existente entre la educación superior y el
mercado laboral.
En los países
de América Latina, los retos en educación superior son mayores por las
limitaciones estructurales que los caracterizan (Andere, 2003). Persisten los
referidos a elevar la matrícula, la eficiencia terminal y mejorar la calidad,
junto con aquéllos que plantean desarrollar conocimientos y habilidades
específicas a los requerimientos del mercado laboral, diversificar los perfiles
profesionales de egreso e idear mecanismos viables que permitan la inserción
eficiente de los egresados universitarios en la economía nacional.
Pero también,
en un nivel paralelo de prioridad por lo que representan para el proyecto de
desarrollo económico del país, está una serie de definiciones pendientes de
tomar. En particular, hace falta encontrar un equilibrio entre la inserción en
la comunidad internacional y la atención a las circunstancias propias; entre la
búsqueda del conocimiento por sí mismo y la atención a necesidades sociales;
entre fomentar capacidades genéricas o desarrollar conocimientos específicos;
entre responder a demandas del empleador o adelantarse y descubrir
anticipadamente el mundo del trabajo futuro, entre otros (Flores, 2005).
En ese proceso
de definiciones y prioridades educativas está en juego el éxito o fracaso
"del proyecto progresista que supone la educación obligatoria
universalizada" (Gimeno, 2005:67) que, como señala el autor citado, tiene
mucho que ver con el
...hasta hoy
vago cumplimiento de sus grandes objetivos y con las desigualdades que el logro
de éstos ha provocado en diferentes colectivos humanos: la eficacia de la
modernidad.. . se vive como una distancia entre las promesas realizadas y las
incumplidas. Distancia entre el desarrollo material, científico y tecnológico,
por un lado, que necesita de la educación y presiona fuertemente sobre ésta;
mientras que, por otro, distan de cumplirse satisfactoriamente las promesas de
libertad, autonomía y mejora de la condición humana.
En esa
perspectiva crítica y reflexiva se propone pensar la educación, en general, y
la referida a los sistemas de educación superior, en lo particular, como parte
de un proyecto nacional que contemple diferentes aspectos del ser humano, de la
cultura y la sociedad a la hora de seleccionar sus contenidos sustantivos, la
especialización, las prácticas o actividades a realizar, su vinculación social,
los perfiles profesionales, etcétera. De proceder así, la significancia de los
criterios económicos y de mercado reside en que son parte de la plataforma
productiva que generan los recursos que pueden facilitar la consecución de
tales fines y no al revés, como sucede en el diseño y planeación de las
políticas educativas en la mayor parte de los países cuyos proyectos educativos
terminan supeditados a los fines del mercado.
CONCLUSIONES
La pertinencia de la oferta educativa y las bondades que
representan los procesos de vinculación social que han privilegiado los centros
universitarios han sido los puntos desarrollados en este trabajo.
Los datos muestran que el proceso de terciarización
presentado por la economía mexicana en los últimos años ha propiciado una
fuerte concentración de la matrícula en unas cuantas carreras, una mayor sobre–oferta
educativa, insuficiente formación de profesionistas en ciertas ramas y
especialidades, problemas de calidad y eficiencia terminal, mayor subempleo y
en general, una gran cantidad de profesionistas subempleados.
Hay quien señala que la escasa planeación educativa ha
sido la principal causa de los problemas (SEP, 2001) aún y cuando también se
reconocen como parte de los resultados del agresivo programa económico
neoliberal instrumentado en el país en las últimas tres décadas, es decir,
buena parte de los problemas de vinculación y pertinencia social del sistema
educativo derivan del modelo de desarrollo económico nacional.
El discurso a favor de propósitos sociales y de equidad
si bien tiende a ganar adeptos en el terreno académico y da sentido a distintos
procesos de lucha social, en el proyecto de desarrollo nacional y en las
políticas sectoriales derivadas –la educativa entre ellas–, tal discurso es
subsumido por el del libre mercado, la competitividad y el crecimiento
económico.
No obstante, un estudio recientemente realizado para
analizar los resultados de las políticas de desarrollo regional que han
vertebrado en sus propuestas a las instituciones de educación superior (OCDE,
2007), ha puesto en evidencia que, en general, las políticas que han
contribuido a reforzar la relación entre la educación superior y sus regiones
en el contexto de una economía globalizada del conocimiento han sido incapaces
de sostener el despegue económico y lograr la redistribución de los recursos
para reducir las disparidades regionales. En general, se reconoce el fracaso de
las políticas centradas en apoyar a las regiones más desfavorecidas y se
propone centrar la atención en las regiones con mayor potencial de desarrollo
con base en criterios de competitividad más eficaz y a las ventajas
comparativas. El nuevo discurso destaca que "las instituciones de
educación superior van a jugar un papel cada vez más importante aportando el
saber, facilitando un desarrollo concentrado y siendo principales actores en
los sistemas regionales de innovación" (OCDE, 2007: 33). De un apoyo
generalizado a las regiones desfavorecidas se eligen ahora sólo aquéllas que
contengan ciertos atributos potenciales para el desarrollo de alguna ventaja
competitiva vía procesos de innovación –en esto último es donde intervienen las
instituciones de educación superior– y de nuevo, la apuesta económica y
educativa tiende a orientarse por criterios mercantilistas.
En contraparte a esas transformaciones económicas que han
tenido lugar en la sociedad en los últimos años, se ha reforzado la necesidad
de abordar la educación como un proceso social complejo –orientado por fines y
propósitos axiológicos– que tiene que ver con el tipo de sociedad y ser humano
que interesa formar. En este caso, se reconoce que el papel de los centros
escolares rebasa la simple generación de conocimiento útil en términos
instrumentales o pragmáticos y que su tarea fundamental tiene que ver con la
formación de un sujeto moral con capacidad de elección. De ahí la necesidad de
que las instituciones escolares brinden conocimientos significativos adecuados
a cada contexto social y comunidad educativa. Se trata de ligar la educación a
un proyecto social que brinde la posibilidad de dignificar a los seres humanos
–a todos y cada uno de ellos–, al tiempo que contribuya a la mejora de la
sociedad (Gimeno, 2000: 20).
En lo que respecta a los centros universitarios, en una
situación hipotética –que elude la compleja gama de intereses económicos y
políticos involucrados en la definición de un proyecto de desarrollo– se supone
que si el programa político pretende el desarrollo equilibrado del país –en lo
económico, social y ambiental–, hará falta una plataforma de profesionistas que
posea los conocimientos, las habilidades y las capacidades suficientes para
sumarse al diseño y puesta en práctica de estrategias integrales de planeación
en ese sentido. En el mercado de trabajo, seguirá presente la necesidad de
contratar a quienes sean capaces de afrontar el contexto de interdependencia
económica mundial y aprovechar mejor los retos y oportunidades que brindan los
procesos de comunicación y globalización actual. Por tanto, el reto de las
instituciones educativas como el de los empleadores será sumar esfuerzos para
trabajar en el diseño, definición, planeación y apoyo de los programas que
garanticen tal formación profesional con la salvedad que ambas tomarán en
cuenta los lineamientos establecidos en la agenda política nacional.
Entre los desafíos que la universidad tendrá que
enfrentar para cumplir con sus funciones y responsabilidades sociales, destaca
su potencial contribución en la formación de individuos sensibles y socialmente
comprometidos con las problemáticas del país, capaces de responder con firmes
criterios axiológicos a favor de la equidad, en las transformaciones que el
país experimenta. Las exigencias apuntan a dar un sentido más integral a la
política económica nacional que consideren los criterios sociales y de equidad
que se han dejado de lado y que redunden en una mejoría en las expectativas de
trabajo que tienen los jóvenes que egresan del sistema de educación superior en
la medida que se concrete en una política educativa que facilite diversificar
la matrícula, actualizar los contenidos y la calidad de los programas que se
ofrecen.
La planeación del sistema de educación superior lleva a
preguntar ¿Con qué fin? ¿Por qué? ¿Para qué? y ¿Para quién? Establecidas las
metas de desarrollo social y económico se puede prever qué tipo de recursos
humanos es necesario formar para alcanzar esos objetivos y derivar entonces de
tales directrices la respuesta que hasta hoy ha brindado el proyecto económico
nacional en general y la política educativa en particular, a las interrogantes
anteriores. Las prioridades nacionales se han ajustado a las necesidades que
establece el libre mercado en un ambiente de competitividad y globalización
económica sin lograr mejorar de manera significativa la situación económica
nacional ni acortar las brechas y desigualdades sociales. A la par, se han
exacerbado los problemas de pertinencia y vinculación de las instituciones
educativas con tales sectores por estar cada vez más alejadas de los objetivos.
Sigue ausente un interés claro y decidido en la política económica nacional por
impulsar un desarrollo equilibrado que armonice criterios sociales, ambientales
y económicos que tome en cuenta a las instituciones de educación superior como
bastiones importantes en la planeación, ejecución y logro de tales propósitos.
No debe extrañar entonces que, lo que se plantea de manera
parcial y esporádica en la política educativa a favor del desarrollo
sustentable, la equidad y justicia social por un lado, así como en lo que
respecta a la pertinencia y vinculación social de las instituciones de
educación superior por el otro, no deriven en procesos claros de planeación
estratégica ni en recursos o apoyos concretos en el corto, mediano o largo
plazo para tratar de impactar las actuaciones concretas de los diferentes
órdenes y grupos de participación referidos al gobierno, los estados, los
sistemas e instituciones educativas, los patronatos e instituciones
empresariales, las distintas asociaciones de profesionistas, etcétera.
En ese mundo de definiciones que tienen que ver con la
pertinencia y vinculación social de los centros universitarios, los intereses
económicos y políticos involucrados se polarizan cada vez: está en juego el
futuro de las universidades pero también, el desarrollo del país. En ello
residen las dificultades de instrumentar lineamientos de política que prioricen
criterios de equidad encaminados a mejorar las expectativas de trabajo a los
jóvenes egresados del sistema de educación superior. Los problemas ligados a la
globalización que enmarcan y producen los problemas contemporáneos de educación
"...han resultado en un conjunto de soluciones genéricas expresadas en
distintas reformas y procesos de reestructuración educativa que al final de
cuentas siguen desempeñando la 'función ritual' de conseguir seguridad por
medio del discurso y de restringir posibilidades de respuesta más integrales
que prioricen criterios de equidad y justicia social" (Ball, 2002:124).
CYBERGRAFÍA
http://colpospuebla.mx/vinculacionmae RECUPERADO EN FECHA: 4 DE AGOSTO DE 2014.
http://publicaciones.anuies.mx/pdfs/revista/Revista129_S4A1ES.pdf RECUPERADO EN FECHA: 4 DE AGOSTO DE 2014.
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http://www.uaemex.mx/plin/psus/rev11/3def.htm
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